El Viñatero

 

Pierre Talayrach

Erase una vez, un niño nacido en un campo suave y redondo, vestido del verde moderado de las viñas. En vista principal, un balcón con el techo blanco, clavado al centro de un cielo azul. Y este reflejo suave de la naturaleza, colocado cómodamente entre mar y montaña, se llama Pézilla-la-Rivière.

Pierre Talayrach creció en este espacio de plenitud, donde aprendió a vivir con la viña, al lado de su padre, como él también lo había aprendido de su padre, y esto desde hace varias generaciones.

Esta hermana gemela, atesorada por su padre, Pierre también la recibió en sus genes. Estuvo al lado de ella durante años, para conocerla bien, verla evolucionar, crecer, morir a veces también.

El día cuando Pierre recibió la inmensa alegría de dirigir esta viña, sintió la necesidad de hacerla evolucionar hacia un destino diferente del que había vivido antes.

Pierre Talayrach es uno de estos hombres. El corazón inmenso, la mano firme, el propósito vanguardista: es, a su manera, un visionario, incluso tal vez un soñador. Pero da igual, la pasión hace palpitar sus venas y su corazón; trae su parte de felicidad, pero de dolor también. Porque nada es tan sencillo y fácil como lo quisiera. Porque querer realmente es extenderse de toda su persona hacia la meta, la condición última. Y este terrateniente con la mirada franca, con la mano firme, el deseo profundo, ilumina su bodega de su presencia.

 

Pasión

Los buscadores de sueños…

El súmmum de un sueño, de un deseo, de una pasión: el viñedo. Esta pasión, que Pierre Talayrach recibió cuando nació, y que desarrolla, en compañía de Jérôme Loubès, enólogo apasionado de nuevos sabores. Aquí, Jérôme Loubès y Pierre Talayrach muestran el mismo deseo y la misma energía. Asocian sus ideas y sus talentos, sus historias, sus investigaciones, y sus esperanzas. Mezclan al dulce líquido que destilan, sentimientos de viveza y seguramente de locura.

Entonces la viña penetra el hombre, habla de su historia, de sus dolores, de sus alegrías. Sin este pilar central, nada sería posible. Y cuando por fin se ha impuesto, libera sus aromas de frutas rojas. La tierra abastecedora y el racimo siempre unidos, para la alegría de Pierre Talayrach.